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Una final para guardar en la memoria

Publicado el Martes, 31 Enero 2012 Escrito por Prensa

 

Ahí esperaba Nadal, un héroe herido, que recibió del serbio en 2011 la misma medicina que él mismo le había dado a Federer (el mejor de todos los tiempos) desde que en 2005 apareciera para discutir el reinado del suizo. Seis derrotas consecutivas. Ambos llegaban muy parejos a esta final, aunque Nole estuvo contra las cuerdas en semifinales ante un enorme Murray al que le faltó esa fuerza mental básica en los puntos importantes. ¿Será Andy capaz de completar el póker? Sería de locos.

El partido parecía jugarse en tierra batida, con pocos puntos ganadores, mucho error no forzado y, por encima de todo, miedo. El respeto llevado al extremo. Poco tenis y una tensión que se cortaba con un cuchillo hasta que Rafa consiguió hacerse con la primera manga por 7-5, en nada menos que 1 hora y 20 minutos. Tremendo desgaste.

A medida que avanzaba el partido, Djokovic dominaba mucho más y Rafa sufría con el servicio (su punto débil) y bolas que se le quedaban demasiado cortas. Ante un jugador en estado de gracia eso significa derrota segura. Así fue en el segundo y tercer sets, que se llevó Nole por 6-4 y 6-2. 

Pero con Nadal delante, o cierras el partido o te llevará hasta la extenuación. Así fue. Un cuarto set para sufrir en la misma medida que disfrutar se definió en un “tie break” que resumió la tónica del partido: estuvo ganado, luego perdido y al final ganado con dos “mini breaks” sobre el servicio de Djokovic que levantaron a toda España de su asiento. 7-6 para Rafa y un quinto set soñado por todos, menos por el serbio.

La situación, viendo cómo había transcurrido el partido, era inmejorable: Djokovic repetía quinto set, empezaba a flaquear. Aunque sus gestos ya son conocidos en todo el circuito, en esta ocasión sí parecían sinceros. Rafa rápido consiguió un break. Se puso 4-2 y servicio. Nole estaba muy tocado. Y ahí llegó el punto, ese maldito punto. 30-0, revés paralelo, toda la pista para él, bola fuera. Increíble, pero ese fue el punto del set, del partido y del torneo. Se fue del encuentro, cedió ese servicio y resucitó a Djokovic, lo peor que le podía pasar. Todo cambió y la balanza se decantó 7-5 para el número 1. 

5 horas y 53 minutos nos habían regalado dos héroes, una lección de sacrificio y deportividad, un ejemplo de superación que va más allá de lo meramente deportivo. El partido más largo de la historia de los Grand Slams. Sólo cabe decir GRACIAS.

 

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